Gladys, La "santera yoruba":
Desde un contacto en internet me han dado la dirección de esta señora. Me han dado una carta para le dar y leer y me han pedido que le llevase un anti-inflamatorio para le regalar.
Ha sido policía de Havana hasta jubilarse. El estado le garantiza, como a todos los cubanos jubilados, el mínimo para sobrevivir: un pan por día, una ración de aceite y arroz e carne de cerdo.
La obtención de medicamentos en Cuba es difícil: una caja del anti-inflamatorio que Gladys necesita solo se consigue comprar con "moneda fuerte" y cuesta el equivalente al sueldo mensual de un médico.
Sus hijos la renegaron porque no están de acuerdo con su opción de vida como santera yoruba, así que, presa por la artritis y por la soledad, tiene una amiga que le lleva la comida una vez al día. Me ha dicho que, si un día esta amiga no aparece, se muere allí, como una vecina que había fallecido y solo se han dado cuenta de su muerte en el edificio cinco días después por el olor que venía desde el bacón interior.
Ha leído la suerte a muchos “balseros” que intentaron salir de Cuba en el inicio de los años 90.
Para esta foto ha puesto su camiseta de policía que tiene guardada en un cajón y se muestra en una foto “del tiempo en que era chica”.